obama

Nadie puede pasar por alto este acontecimiento, el cambio de gobierno en Estados Unidos de Norteamérica.
Un periodista de Televisa contrastó la ceremonia del juramento de Obama con la que se realiza en México, mencionando que ésta se queda tan chica como la toma de cualquier alcalde de algún Municipio.
Sin embargo, para Orhac, Derechos Espirituales del Creyente es relevante puesto que acostumbramos comparar lo que sucede en el Mundo, como una sombra de lo que es el Reino de Dios.
De tal suerte que, la toma de protesta de Obama como Presidente de los Estados Unidos de Norteamérica en contraste con el Reino de Dios, es sumamente humilde.

Los Ministros de La Iglesia de Jesucristo todavía no han podido valorar la grandeza de Jesucristo como Señor y Cabeza de La Iglesia, su Señorío y Majestad; cada ocasión que un Creyente es honrado y ungido como Ministro o Pastor debería recordar ante quién está de pie y a quién va a servir.

Alguien dijo en cierta ocasión: "Es necesario que yo mengüe para que él crezca" y esto esperamos de los Ministros del Señor, que cada reino edificado por los ministerios lo sometan a Jesucristo y se declaren insuficientes para que venga la ayuda del Espíritu y los engrandezca.

El discurso de Obama tiene muchos tintes con los orígenes que dieron vida a los Estados Unidos, a los padres y fundadores, sus luchas, sufrimientos y esperanzas, reviviéndolos en los corazones de los estadounidenses y haciendo un llamado a levantar de nuevo esa Nación.

Bien harían los que ahora callan en abrir sus bocas y declarar ante el Mundo lo que son, lo que representan y lo que se espera de ellos, y poner por obra lo que se ha dejado de hacer.



Barack Obama, Presidente de los Estados Unidos

Me presento aquí hoy humildemente consciente de la tarea que nos aguarda, agradecido por la confianza que habéis depositado en mí, conocedor de los sacrificios que hicieron nuestros antepasados. Doy gracias al presidente Bush por su servicio a nuestra nación y por la generosidad y la cooperación que ha demostrado en esta transición.

Son ya 44 los estadounidenses que han prestado juramento como presidentes. Lo han hecho durante mareas de prosperidad y en aguas pacíficas y tranquilas. Sin embargo, en ocasiones, este juramento se ha prestado en medio de nubes y tormentas. En esos momentos, Estados Unidos ha seguido adelante, no sólo gracias a la pericia o la visión de quienes ocupaban el cargo, sino porque Nosotros, el Pueblo, hemos permanecido fieles a los ideales de nuestros antepasados y a nuestros documentos fundacionales. Así ha sido. Y así debe ser con esta generación de estadounidenses.

Es bien sabido que estamos en medio de una crisis. Nuestro país está en guerra contra una red de violencia y odio de gran alcance. Nuestra economía se ha debilitado enormemente, como consecuencia de la codicia y la irresponsabilidad de algunos, pero también por nuestra incapacidad colectiva de tomar decisiones difíciles y preparar a la nación para una nueva era. Se han perdido casas; se han eliminado empleos; se han cerrado empresas. Nuestra sanidad es muy cara; nuestras escuelas tienen demasiados fallos; y cada día trae nuevas pruebas de que nuestros usos de la energía fortalecen a nuestros adversarios y ponen en peligro el planeta.

Estos son indicadores de una crisis, sujetos a datos y estadísticas. Menos fácil de medir pero no menos profunda es la destrucción de la confianza en todo nuestro territorio, un temor persistente de que el declive de Estados Unidos es inevitable y la próxima generación tiene que rebajar sus miras. Hoy os digo que los problemas que nos aguardan son reales. Son graves y son numerosos. No será fácil resolverlos, ni podrá hacerse en poco tiempo. Pero debes tener clara una cosa, América: los resolveremos.

Hoy estamos reunidos aquí porque hemos escogido la esperanza por encima del miedo, el propósito común por encima del conflicto y la discordia. Hoy venimos a proclamar el fin de las disputas mezquinas y las falsas promesas, las recriminaciones y los dogmas gastados que durante tanto tiempo han sofocado nuestra política.

Seguimos siendo una nación joven, pero, como dicen las Escrituras, ha llegado la hora de dejar a un lado las cosas infantiles. Ha llegado la hora de reafirmar nuestro espíritu de resistencia; de escoger lo mejor que tiene nuestra historia; de llevar adelante ese precioso don, esa noble idea, transmitida de generación en generación: la promesa hecha por Dios de que todos somos iguales, todos somos libres, y todos merecemos una oportunidad de buscar toda la felicidad que nos sea posible.

Al reafirmar la grandeza de nuestra nación, sabemos que esa grandeza no es nunca un regalo. Hay que ganársela. Nuestro viaje nunca ha estado hecho de atajos ni se ha conformado con lo más fácil. No ha sido nunca un camino para los pusilánimes, para los que prefieren el ocio al trabajo, o no buscan más que los placeres de la riqueza y la fama. Han sido siempre los audaces, los más activos, los constructores de cosas -algunos reconocidos, pero, en su mayoría, hombres y mujeres cuyos esfuerzos permanecen en la oscuridad- los que nos han impulsado en el largo y arduo sendero hacia la prosperidad y la libertad.

Por nosotros empaquetaron sus escasas posesiones terrenales y cruzaron océanos en busca de una nueva vida. Por nosotros trabajaron en condiciones infrahumanas y colonizaron el Oeste; soportaron el látigo y labraron la dura tierra. Por nosotros combatieron y murieron en lugares como Concord y Gettysburg, Normandía y Khe Sahn. Una y otra vez, esos hombres y mujeres lucharon y se sacrificaron y trabajaron hasta tener las manos en carne viva, para que nosotros pudiéramos tener una vida mejor. Vieron que Estados Unidos era más grande que la suma de nuestras ambiciones individuales; más grande que todas las diferencias de origen, de riqueza, de partido.

Ése es el viaje que hoy continuamos. Seguimos siendo el país más próspero y poderoso de la Tierra. Nuestros trabajadores no son menos productivos que cuando comenzó esta crisis. Nuestras mentes no son menos imaginativas, nuestros bienes y servicios no son menos necesarios que la semana pasada, el mes pasado ni el año pasado. Nuestra capacidad no ha disminuido. Pero el periodo del inmovilismo, de proteger estrechos intereses y aplazar decisiones desagradables ha terminado; a partir de hoy, debemos levantarnos, sacudirnos el polvo y empezar a trabajar para reconstruir Estados Unidos.

Porque, miremos donde miremos, hay trabajo que hacer. El estado de la economía exige actuar con audacia y rapidez, y vamos a actuar; no sólo para crear nuevos puestos de trabajo, sino para sentar nuevas bases de crecimiento. Construiremos las carreteras y los puentes, las redes eléctricas y las líneas digitales que nutren nuestro comercio y nos unen a todos. Volveremos a situar la ciencia en el lugar que le corresponde y utilizaremos las maravillas de la tecnología para elevar la calidad de la atención sanitaria y rebajar sus costes. Aprovecharemos el sol, los vientos y la tierra para hacer funcionar nuestros coches y nuestras fábricas. Y transformaremos nuestras escuelas y nuestras universidades para que respondan a las necesidades de una nueva era. Podemos hacer todo eso. Y todo lo vamos a hacer.

Ya sé que hay quienes ponen en duda la dimensión de mis ambiciones, quienes sugieren que nuestro sistema no puede soportar demasiados grandes planes. Tienen mala memoria. Porque se han olvidado de lo que ya ha hecho este país; de lo que los hombres y mujeres libres pueden lograr cuando la imaginación se une a un propósito común y la necesidad al valor.

Lo que no entienden los escépticos es que el terreno que pisan ha cambiado, que las manidas discusiones políticas que nos han consumido durante tanto tiempo ya no sirven. La pregunta que nos hacemos hoy no es si nuestro gobierno interviene demasiado o demasiado poco, sino si sirve de algo: si ayuda a las familias a encontrar trabajo con un sueldo decente, una sanidad que puedan pagar, una jubilación digna. En los programas en los que la respuesta sea sí, seguiremos adelante. En los que la respuesta sea no, los programas se cancelarán. Y los que manejemos el dinero público tendremos que responder de ello -gastar con prudencia, cambiar malos hábitos y hacer nuestro trabajo a la luz del día-, porque sólo entonces podremos restablecer la crucial confianza entre el pueblo y su gobierno.

Tampoco nos planteamos si el mercado es una fuerza positiva o negativa. Su capacidad de generar riqueza y extender la libertad no tiene igual, pero esta crisis nos ha recordado que, sin un ojo atento, el mercado puede descontrolarse, y que un país no puede prosperar durante mucho tiempo cuando sólo favorece a los que ya son prósperos. El éxito de nuestra economía ha dependido siempre, no sólo del tamaño de nuestro producto interior bruto, sino del alcance de nuestra prosperidad; de nuestra capacidad de ofrecer oportunidades a todas las personas, no por caridad, sino porque es la vía más firme hacia nuestro bien común.

En cuanto a nuestra defensa común, rechazamos como falso que haya que elegir entre nuestra seguridad y nuestros ideales. Nuestros Padres Fundadores, enfrentados a peligros que apenas podemos imaginar, elaboraron una carta que garantizase el imperio de la ley y los derechos humanos, una carta que se ha perfeccionado con la sangre de generaciones. Esos ideales siguen iluminando el mundo, y no vamos a renunciar a ellos por conveniencia. Por eso, a todos los demás pueblos y gobiernos que hoy nos contemplan, desde las mayores capitales hasta la pequeña aldea en la que nació mi padre, os digo: sabed que Estados Unidos es amigo de todas las naciones y todos los hombres, mujeres y niños que buscan paz y dignidad, y que estamos dispuestos a asumir de nuevo el liderazgo.

Recordemos que generaciones anteriores se enfrentaron al fascismo y el comunismo no sólo con misiles y carros de combate, sino con alianzas sólidas y convicciones duraderas. Comprendieron que nuestro poder no puede protegernos por sí solo, ni nos da derecho a hacer lo que queramos. Al contrario, sabían que nuestro poder crece mediante su uso prudente; nuestra seguridad nace de la justicia de nuestra causa, la fuerza de nuestro ejemplo y la moderación que deriva de la humildad y la contención.

Somos los guardianes de este legado. Guiados otra vez por estos principios, podemos hacer frente a esas nuevas amenazas que exigen un esfuerzo aún mayor, más cooperación y más comprensión entre naciones. Empezaremos a dejar Irak, de manera responsable, en manos de su pueblo, y a forjar una merecida paz en Afganistán. Trabajaremos sin descanso con viejos amigos y antiguos enemigos para disminuir la amenaza nuclear y hacer retroceder el espectro del calentamiento del planeta. No pediremos perdón por nuestra forma de vida ni flaquearemos en su defensa, y a quienes pretendan conseguir sus objetivos provocando el terror y asesinando a inocentes les decimos que nuestro espíritu es más fuerte y no podéis romperlo; no duraréis más que nosotros, y os derrotaremos.

Porque sabemos que nuestra herencia multicolor es una ventaja, no una debilidad. Somos una nación de cristianos y musulmanes, judíos e hindúes, y no creyentes. Somos lo que somos por la influencia de todas las lenguas y todas las culturas de todos los rincones de la Tierra; y porque probamos el amargo sabor de la guerra civil y la segregación, y salimos de aquel oscuro capítulo más fuertes y más unidos, no tenemos más remedio que creer que los viejos odios desaparecerán algún día; que las líneas tribales pronto se disolverán; y que Estados Unidos debe desempeñar su papel y ayudar a iniciar una nueva era de paz.

Al mundo musulmán: buscamos un nuevo camino hacia adelante, basado en intereses mutuos y mutuo respeto. A esos líderes de todo el mundo que pretenden sembrar el conflicto o culpar de los males de su sociedad a Occidente: sabed que vuestro pueblo os juzgará por lo que seáis capaces de construir, no por lo que destruyáis. A quienes se aferran al poder mediante la corrupción y el engaño y acallando a los que disienten, tened claro que la historia no está de vuestra parte; pero estamos dispuestos a tender la mano si vosotros abrís el puño.

A los habitantes de los países pobres: nos comprometemos a trabajar a vuestro lado para conseguir que vuestras granjas florezcan y que fluyan aguas potables; para dar de comer a los cuerpos desnutridos y saciar las mentes sedientas. Y a esas naciones que, como la nuestra, disfrutan de una relativa riqueza, les decimos que no podemos seguir mostrando indiferencia ante el sufrimiento que existe más allá de nuestras fronteras, ni podemos consumir los recursos mundiales sin tener en cuenta las consecuencias. Porque el mundo ha cambiado, y nosotros debemos cambiar con él.

Mientras reflexionamos sobre el camino que nos espera, recordamos con humilde gratitud a esos valerosos estadounidenses que en este mismo instante patrullan desiertos lejanos y montañas remotas. Tienen cosas que decirnos, del mismo modo que los héroes caídos que yacen en Arlington nos susurran a través del tiempo. Les rendimos homenaje no sólo porque son guardianes de nuestra libertad, sino porque encarnan el espíritu de servicio, la voluntad de encontrar sentido en algo más grande que ellos mismos. Y sin embargo, en este momento -un momento que definirá a una generación-, ese espíritu es precisamente el que debe llenarnos a todos.

Porque, con todo lo que el gobierno puede y debe hacer, a la hora de la verdad, la fe y el empeño del pueblo norteamericano son el fundamento supremo sobre el que se apoya esta nación. La bondad de dar cobijo a un extraño cuando se rompen los diques, la generosidad de los trabajadores que prefieren reducir sus horas antes que ver cómo pierde su empleo un amigo: eso es lo que nos ayuda a sobrellevar los tiempos más difíciles. Es el valor del bombero que sube corriendo por una escalera llena de humo, pero también la voluntad de un padre de cuidar de su hijo; eso es lo que, al final, decide nuestro destino.

Nuestros retos pueden ser nuevos. Los instrumentos con los que los afrontamos pueden ser nuevos. Pero los valores de los que depende nuestro éxito -el esfuerzo y la honradez, el valor y el juego limpio, la tolerancia y la curiosidad, la lealtad y el patriotismo- son algo viejo. Son cosas reales. Han sido el callado motor de nuestro progreso a lo largo de la historia. Por eso, lo que se necesita es volver a estas verdades. Lo que se nos exige ahora es una nueva era de responsabilidad, un reconocimiento, por parte de cada estadounidense, de que tenemos obligaciones con nosotros mismos, nuestro país y el mundo; unas obligaciones que no aceptamos a regañadientes sino que asumimos de buen grado, con la firme convicción de que no existe nada tan satisfactorio para el espíritu, que defina tan bien nuestro carácter, como la entrega total a una tarea difícil.

Éste es el precio y la promesa de la ciudadanía.

Ésta es la fuente de nuestra confianza; la seguridad de que Dios nos pide que dejemos huella en un destino incierto.

Éste es el significado de nuestra libertad y nuestro credo, por lo que hombres, mujeres y niños de todas las razas y todas las creencias pueden unirse en celebración en este grandioso Mall y por lo que un hombre a cuyo padre, no hace ni 60 años, quizá no le habrían atendido en un restaurante local, puede estar ahora aquí, ante vosotros, y prestar el juramento más sagrado.

Marquemos, pues, este día con el recuerdo de quiénes somos y cuánto camino hemos recorrido. En el año del nacimiento de Estados Unidos, en el mes más frío, un pequeño grupo de patriotas se encontraba apiñado en torno a unas cuantas hogueras mortecinas a orillas de un río helado. La capital estaba abandonada. El enemigo avanzaba. La nieve estaba manchada de sangre. En un momento en el que el resultado de nuestra revolución era completamente incierto, el padre de nuestra nación ordenó que leyeran estas palabras:

"Que se cuente al mundo futuro... que en el más profundo invierno, cuando no podía sobrevivir nada más que la esperanza y la virtud... la ciudad y el campo, alarmados ante el peligro común, se apresuraron a hacerle frente".

América. Ante nuestros peligros comunes, en este invierno de nuestras dificultades, recordemos estas palabras eternas. Con esperanza y virtud, afrontemos una vez más las corrientes heladas y soportemos las tormentas que puedan venir. Que los hijos de nuestros hijos puedan decir que, cuando se nos puso a prueba, nos negamos a permitir que se interrumpiera este viaje, no nos dimos la vuelta ni flaqueamos; y que, con la mirada puesta en el horizonte y la gracia de Dios con nosotros, seguimos llevando hacia adelante el gran don de la libertad y lo entregamos a salvo a las generaciones futuras.

Gracias, que Dios os bendiga, que Dios bendiga a América


---------------------------

 

El mundo festeja triunfo de Obama

miércoles 5 de noviembre, 8:51 AM

TOKIO (AP) - En todo el mundo, en salones, plazas, playas y calles atestados, la victoria de Barack Obama fue aclamada por personas de diversos países como un vuelco hacia la igualdad racial, con la esperanza de que su presidencia augure un Estados Unidos más equilibrado y menos polémico.

La gente se congregó frente a televisores o escuchó en radios estruendosos el continuo flujo de información sobre las elecciones del martes en Estados Unidos. En Sydney, los australianos colmaron un salón de fiestas en un hotel. En Río de Janeiro, los brasileños hicieron fiesta en la playa. En la ciudad japonesa de Obama, la gente se puso a bailar cuando fue anunciada la victoria del candidato homónimo de su localidad.

Los observadores, muchos de ellos en países donde la idea de que un miembro de una minoría resulte elegido gobernante es impensable, hubo expresiones de asombro y satisfacción de que Estados Unidos pudiera superar siglos de conflicto racial y elegir a un afroestadounidense como presidente.

"Esto muestra que Estados Unidos es de verdad una sociedad diversa y multicultural, donde el color de la piel realmente no importa", dijo Jason Ge, estudiante de relaciones internacionales en la Universidad Pekín en China.

En un mundo interconectado donde la gente en los puntos más extremos pudo seguir la contienda presidencial paso a paso, numerosos observadores hicieron eco del pensamiento de Obama mientras se esforzaban por poner en palabras su percepción de que los comicios marcaron un momento crucial.

"Creo de verdad que esto va a cambiar al mundo", aseveró Akihiko Mukohama, de 34 años, cantante de un banda que viajó a la ciudad japonesa de Obama para actuar en un acto en favor del ahora presidente electo. Mukohama portaba una camiseta con la leyenda "Amo a Obama".

Numerosas personas consideraron que _para bien o para mal_ el poderío económico, militar y cultural de Estados Unidos confirió una importancia mundial a los comicios.

"Los ojos del mundo están sobre esto", indicó el australiano Phil Keeling, que vistió una prenda de pies a cabeza con los colores rojo, blanco y azul e imágenes de Obama y del candidato presidencial republicano John McCain para asistir a un salón de fiesta en el centro de Sydney a fin de ver el desarrollo de los comicios estadounidenses en pantallas gigantes de televisión.

Entre muchos críticos de las políticas del presidente saliente George W. Bush había grandes esperanzas de que una victoria de Obama trajera consigo un enfoque estadounidense más incluyente y cooperativo internacionalmente. Muchos consideraron que la guerra en Irak es un error que Obama no repetiría.

En Alemania, donde más de 200.000 personas acudieron este verano a ver a Obama durante su gira por Europa y Medio Oriente, las elecciones dominaron los titulares de periódicos, noticieros televisivos y páginas en la internet. Entre las celebraciones más irreverentes estaba una fiesta llamada "Adiós, George" para celebrar la salida de Bush.

La Obamanía era evidente no solamente en Europa, sino también en el mundo musulmán, donde muchos expresaron esperanzas de que el demócrata busque más las negociaciones que la confrontación.

El gobierno de Bush disgustó a los musulmanes al maltratar a prisioneros en Abu Ghraib y en Guantánamo, violaciones de los derechos humanos que fueron condenadas en todo el mundo.

>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>>


 

Michelle Obama debuta en la Casa Blanca como primera dama negra

miércoles 5 de noviembre, 3:47 AM

WASHINGTON (AFP) - "Soy una anomalía estadística. Una chica negra, criada en el sur de Chicago (...) No se suponía que llegara hasta aquí", dice Michelle Obama, que en enero ingresará a la Casa Blanca como primera dama de la mano de su marido, Barack Obama, presidente electo de Estados Unidos.

Sus simpatizantes la presentan como una nueva Jackie Kennedy, considerada por los estadounidenses como una de las primeras damas más refinadas de la historia independiente del país.

Es que la futura primera dama rezuma juventud y elegancia, tal como la esposa del asesinado presidente John F. Kennedy (1961-1963) a su llegada a la Casa Blanca.

Michelle Obama tiene un hablar franco y su cáustico sentido del humor la llevó a ser acusada por sus adversarios de antipatriota, arrogante y hasta de racista. Los cuestionamientos a su sentimiento patriótico derivaron de un acto en febrero en el que afirmó: "Por primera vez en mi vida adulta estoy verdaderamente orgullosa de mi país".

"Evidentemente amo mi país (...) En ningún otro lugar salvo en Estados Unidos mi historia hubiera sido posible", se defendió más adelante.

Elogiada por su inteligencia y donaire, ha sido calificada "la parte ácida" del senador por Illinois y "Señora reproches" por los medios conservadores estadounidenses.

Con 44 años, Michelle Obama admite haber visto con desconfianza la decisión de su esposo de lanzarse a la carrera por la Casa Blanca: quería preservar su vida familiar.

Pero aceptó bajo dos condiciones: que Malia, de 10 años, y Sasha, de 7, vieran a su padre al menos una vez a la semana. Y que él dejara de fumar.

Barack Obama cumplió... a medias, ya que confiesa que de tanto en tanto se rinde al prohibido placer del tabaco y se fuma un cigarrillo.

Nacida en el seno de una modesta familia del sur de Chicago, Michelle Obama creció en el South Side, el barrio más pobre de la ciudad, en una casa de dos ambientes para sus cuatro habitantes. Su padre, Frazer Robinson, empleado de la alcaldía, trabajó toda su vida pese a una esclerosis en placas. Marian, su madre, se ocupaba del hogar.

En ese contexto, Michelle logra ingresar en la prestigiosa universidad de Princeton en 1981. Su tesis de Sociología se enfoca en la separación de razas y en cómo los estudiantes negros adoptan una "estructura social y cultural (de la raza) blanca" y se identifican cada vez menos con su comunidad étnica.

Con sus 1,82 metros de altura, le huye a los deportes justamente porque es "alta, negra y atlética", cuenta uno de sus profesores.

Después de Princeton, estudió Derecho en la universidad de Harvard antes de convertirse en abogada de una gestoría de Chicago. Allí conoce a quien más adelante la desposaría. No sin dificultades, pues supo resistir los embates de Barack Obama durante un buen tiempo. Pero claudicó ante una invitación a ver una película de Spike Lee, controvertido cineasta negro caracterizado por la crítica social en sus filmes.

Luego de su boda en 1992, Michelle Obama deja el sector privado para trabajar en la alcaldía de Chicago, luego en el hospital universitario, del que actualmente es vicepresidenta a cargo de asuntos externos.

La futura primera dama de Estados Unidos fue un pilar en la campaña de su esposo. Dio cientos de entrevistas a la prensa y no dudó en dirigirse a las multitudes con su profunda voz un poco ronca.

"Mi esposo será un presidente extraordinario", asegura.

De todos modos, Michelle Obama dice que no se ve ocupando un lugar eminente en la Casa Blanca. Y enfatiza: "Con Barack hablamos de todo, pero no soy su asesor político. Soy su esposa".






Añadir comentario acerca de esta página:
Su nombre:
Su dirección de correo electrónico:
Su página web:
Su mensaje:

Bienvenidos Ministros del Señor Jesucristo

Este espacio ha sido abierto para que ustedes puedan tener un Soporte Espiritual y puedan ejercer un Ministerio competente a favor de los hijos de Dios, a quienes ama y por quienes Jesús se ofreció en sacrificio.

Todos los conceptos que utilizamos están bajo el diseño del Reino de Dios; para mayor comprensión, usted debe estar ministrando bajo Efesios 4:11; el Equipo que Dios escogió para Su Iglesia.
La Ley por Moisés fue dada, pero La Gracia y la Verdad vinieron por medio de Jesucristo. Juan 1:17

Este es un texto que contrasta dos mensajes, dos pactos, dos reinos. El Pueblo de Israel bajo la ley de Moisés casi llega a la cuspide, sin embargo, La Iglesia supervisada por los Ministros profesantes actuales, no ha superado ni alcanzado el testimonio esperado por causa de que tomaron del Pacto con Jesús, solamente una gracia de oferta, ignorando LA VERDAD de acuerdo al concepto de Dios.

Bajo esta "Gracia" han ignorado el Señorío de Jesucristo.
 

=> ¿Desea una página web gratis? Pues, haz clic aquí! <=
Last Update.11 Dic.2010