Todo es asunto de Santidad

La Mujer Adúltera. Vamos a ampliar Mateo 7, no juzguéis.

El que esté limpio de pecado... Una interpretación para nuestros tiempos.

Los ancianos de Israel aplicaron bien la Ley de Moisés sobre aquella mujer adúltera. Fue escuchada en juicio, se recabaron los testimonios de los acusadores y testigos; se le condenó a morir bajo las piedras del pueblo –pero primero los ancianos tenían que tirar la primera piedra-.

No era la primera vez que los ancianos de Israel hacían esto, ya tenían experiencia en lapidar mujeres adulteras, lo singular de este acontecimiento es que en esta ocasión Jesús estaba presente.

Jesús no criticó la Ley de Moisés ni defendió a la acusada, tampoco acusó al pueblo de exceso de violencia. No luchó contra la cultura e idiosincrasia de aquel pueblo. Seguramente que si lo hubiera hecho, el pueblo tendría más de un argumento bien fundamentado.

Dirigiéndose a los ancianos, dijo: “El que esté limpio de pecado que tire la primera piedra”.
¡Qué fue lo que impactó a aquella multitud enardecida que se quedó paralizada! ¿Sería la presencia de Jesús, el significado de aquella frase o la conciencia de los ancianos?

Fueron instantes de suspenso. ¿Cómo reaccionaría el pueblo a esta intromisión, en medio de una ejecución? Jesús conocía al hombre de su tiempo y su cultura; ellos reaccionaron exactamente como Jesús quería. Había algo en ellos que les impedía actuar en contra de su propia naturaleza. Fueron varios los factores que se conjugaron. Había algo en aquel hombre, algo en aquella oración, algo en el conocimiento innato de los ancianos de Israel. La apelación de Jesús surtió efecto. Los ancianos, el pueblo, dejaron caer las piedras y se retiraron. ¿Por qué?

Por unos instantes Jesús les hizo revivir los días de gloria y experiencias que sus padres tuvieron en el desierto delante de la presencia de Jehová su Dios. La santidad de Jehová que no admitía el pecado en su pueblo escogido. En eso residía toda la Ley de Moisés, que el pueblo estuviera a la altura de la Santidad de Dios.

La Ley se legisló precisamente sobre ese fundamento. Cuando el pueblo se salía del precepto de santidad, la justicia perfecta de Dios se aplicaba.

Por su mente pasaron las imágenes de juicio sobre los adoradores del becerro de oro, sobre los hijos de Aarón, sobre María y tantos otros. Para que esta justicia fuera perfecta y satisficiera a Dios, debía aplicarse a través de la santidad sacerdotal (o cuando hubiere un elemento de santidad).

El carácter de la Ley era para preservar al pueblo en santidad y cualquier cosa, persona o acto que no lo fuera, sufría la justicia de Dios a través de la Ley de Moisés. Este concepto se perfecciona en La Iglesia de Jesucristo.

Cuando el pecado se presenta donde hay santidad, esa misma santidad obra la Justicia de Dios. Recuerde a Ananías y Safira. Donde hay santidad no se tolera el pecado; donde no la hay, muchos se sienten a gusto y llenan los Cultos.

En el mundo hay pecado, allí no hay nada que lo condene porque no hay santidad. Solo la moral humana, traducida en leyes. Que es la base de la tolerancia humana, pero en La Iglesia de Jesucristo, la Justicia de Dios es el catalizador para que ésta permanezca en Santidad.

El Espíritu Santo no fue enviado a morar en La Iglesia como un ornato, ni en medio de la inmundicia y la tolerancia del pecado, ni simplemente como guía y para validar y legitimar ministerios, si no para que todo el pueblo sea santo. No como una realidad virtual, sino verdadera.

La Iglesia no es una propiedad privada al servicio de ministerios, que la manejan a su antojo; pero sí es la Institución de Dios sobre la Tierra, por tanto es el interés de Dios el mantenerla en Santidad; y para que los ancianos se atrevan a emitir un juicio, deben tener la misma naturaleza santa de La Iglesia.

El que esté limpio de pecado...

En el caso de estos ancianos, no se daba esta característica. El pueblo y los ancianos se habían alejado de Dios. Solo les quedaba su forma religiosa y un templo vacío, sin el Arca de Dios. Y un montón de vigas

Los juicios sin santidad son abominación a Dios. Sin la presencia de Dios y su Santidad, todo es pecado todo es sucio, toda es podrida llaga. ¿Cómo puede condenar un leproso a otro leproso? (Necesita vestirse de fariseo) ¿Cómo puede guiar un ciego a otro ciego?

Sin Dios y su Santidad, la Ley de Moisés no tiene sentido (ni sus juicios). Esta sería la base de la tolerancia humana. ¡Ni yo te condeno! Esto es, no te juzgo.

La Ley de Moisés se hizo para servir al hombre, y los hombres la usaron para oprimir y condenar al hombre. ¿Cómo se puede erigir en juez el que tiene la viga en el ojo sobre aquel que tiene la paja?

Todo es asunto de santidad. El carácter de la Ley si no tiene como su fin la santidad, se convierte en una opresión contra el hombre.
El hombre por el hombre. Se convierte en un mecanismo de control para amedrentar y someter al hombre.

Hizo falta la presencia de Jesús el Hijo de Dios, para recordarle a aquel pueblo el verdadero significado de la justicia y la misericordia.

La santidad, obra la justicia de Dios sobre el pecado.

Pero cuando hay arrepentimiento, obra la misericordia de Dios; y se aparta el juicio.

Era grande la autoridad de los ancianos apoyados en la Ley, pero he allí, uno mayor. La santidad de Jesús sensibilizó a aquel pueblo.
¿Es usted mayor que aquellos ancianos?



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Comentado por asilo de ancianos en mexicali( ), 09-07-2013, 00:51 (UTC):
asilo para ancianos en mexicali



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Last Update.11 Dic.2010